jueves, 26 de enero de 2017

Women's act

Da la sensación de que en los últimos cinco años las mujeres argentinas han despertado de un largo sueño al que eran sometidas no con somníferos, sino con algo mucho más poderoso, mandatos histórico culturales. No hablo de las intelectuales, feministas, políticas, militantes que llevan en la lucha por nuestro derecho décadas, ni tampoco de aquellas que en donde viven (sobre todo ciudades pequeñas del interior del país) la "membrana cultural" es más gruesa sino de, aquellas que a los medios les encanta denominar "la gente". El grueso, las que tienen acceso a redes sociales, tal vez estudian, laburan o ambas, las que a veces reflexionan y otras tanta la vorágine del día no les da tregua. Esas que estamos ahí, y sus amigas, sus familias, sus compañeros.

Y ahora nos vemos un poco más en la calle, nos leemos en los diarios, nos sentimos acompañadas, inspiramos a otros movimientos internacionales, aplaudimos las marchas de #Niunamenos y #womensmarch en Argentina, USA y el resto del mundo. Nos sentimos emponderadas, esto es, algo así como recuperar poder o simbolismos que no teníamos. Y leo, leo, leo, todo lo que se me cruza por las manos y los ojos respecto a la desigualdad de género y el inconsciente me asalta con flashes y me retrotrae a la casa de un novio mientras él está en el baño y yo borro mensajes de un compañero de la facultad que me invita a salir a tomar algo con otros compañeros y compañeras por las dudas que se enoje. O cuando elijo la ropa para salir y descarto prendas porque sé que esa misma persona me a decir "tan corta no me gusta esa pollera". Salidas y ropa que voy a aprovechar cuando esa persona vuelva a su ciudad de estudio, y yo siga siendo una novia sin vigilancia. Y me parece injusto.

Y a la vez veo esas campañas de "si te controla las amistades, si te dice qué ponerte, si te cela, no es amor" y las adoro, porque coincido tanto, que creo que son esos pequeños actos de violencia los primeros campanazos para que nos avivemos que esa persona no nos hacen bien, que nos queremos enamorarnos de eso. Y sigo leyendo sobre los niños y niñas en la calle acompañando a sus padres por las calles de Washington, o el reclamo de víctimas de abuso en el ámbito del rock nacional argentino y no dejo de pensar que el cambio está en los actos, en la palabra también, pero sobre todo en los actos. En ponernos a nosotras mismas por adelante de todo en nuestra vida. Nos debemos, luego de tantos siglos de tratar de regular el corto de nuestra pollera, al menos eso.

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