martes, 20 de diciembre de 2016

El abuelo

Matilda, en marzo vas cumplir 4 años y una de las personas que más te amó no va a estar en la Tierra para celebrarlo con nosotros.
Se trata de tu abuelo Alberto, el papá de tu papá, que con mucho dolor para los que quedamos aquí nos dejó hacia una estrella más brillante. El tiempo es tirano hija, pero la memoria es su lacaya, por lo que odiaría olvidar todo lo que recuerdo de él, que quiero que sepas, y tal vez, quizás, le cuentes a tus hijos e hijas si decides alguna vez ser madre.

Era un incansable fanático de Boca. Los últimos partidos los veía con otro de sus nietos fanático...y gritaba gol en cada ocasión de gol. A veces, los escuchaba por la radio, por lo que gritaba el gol antes de que papá y los tíos lo pudiesen ver en la tele; aborrecían cuando hacía eso.

Le encantaba ponerte música, bien fuerte porque era medio sordo, pero también porque disfrutaba verte bailar, y a vos te encantaba hacerlo con él. Vino a saludarte para todos tus cumpleaños, y barnizó un atril que te regaló para el día del niño, aún lo tenemos y lo pienso tener hasta que aguante.

A mucho pulmón, levantó una quinta para que toda la familia se reuniera ahí. Cuidaba el agua de la pileta con una dedicación de hinchapelota, y cada vez que hacía calor, uno por uno, nos decía que nos metiéramos.

Era un asador 10 puntos. En realidad todo lo que él hacía, en sus palabras, eran 10 puntos. Así de mucho se exigía.

Desde una vuelta que vino a Olavarría a comer un locro de la abuela Nelly, siempre volvió a joder con el locro de mi abuela.

Cortaba el pasto de la quinta todo el tiempo, todos los días que estaba allí. "Mirá que tal el pasto, nena", me decía. "Un poquito largo, Alberto", le contestaba yo. Él se reía, como un nene, con los ojos achinados, como se ríe la gente linda, y me decía "esperá, ya vas a ver", y daba arranque de nuevo. Una vuelta vino a casa, yo me había comprado una bordeadora y no había sabido usarla bien. Me fui a trabajar y cuando volví, me había cortado el pasto de toooodo el patio. De chomba y zapatos.

Amaba a sus hijos, a sus nietas y sus nueras y yerno, pero nunca se los dijo...espero que ese gen no lo hayas heredado, hay que decir cuánto se quiere...

Le gustaba hablar con la gente, tuvo un kiosco, vendió autos, tuvo un supermercado, heladería, un buscavidas.

No dejaba que sus hijos manejen sus autos nuevos si no iba él acompañando. Eso me sacaba de quicio.

A veces, estábamos todos reunidos, y de la nada desaparecía...se tiraba a dormir, así de la nada, sin avisarle a nadie, sin despedirse...y así también se fue de nuestro lado..

Lo vas a extrañar, me dijiste. Sabés que está en el cielo, me preguntaste si estaba en la estrella más brillante y te mentí, te dije que sí. Pero él está acá con nosotros, al lado tuyo. Me dijiste que no querías que se vaya, nadie quiso amor...son cosas que pasan...Lo tenés presente, muy presente, como todos. Todo en Tandil está impregnado de tu abuelo. Nos cuesta entender su ausencia, pero con tu sonrisa y tu alegría se hizo muy ameno, quería que lo sepas.


Foto: septiembre 2016