jueves, 13 de octubre de 2016

Al encuentro

“No necesito media naranja, soy bien completa”

Olivia escupe el moco que tosió mientras cruza la calle, como ha visto hacerlo miles de veces a su primo. “Pero por favor Olivia, sos una dama”, le responde su mamá. Y ella, a los 14 años, no entiende por qué no puede escupir en la calle por el sólo hecho de tener vagina. Y no se lo olvida más. Y cada vez que va al parque o mira un partido de fútbol por la tele (contadas veces) y ve a un pibe escupiendo, recuerda ese episodio en el que caminaba junto a su mamá por calle Rivadavia, y debía comportarse como una dama, sea lo que sea que eso significara.

“Error 404. Machos not found”

Luz tiene muchos años más de los que aparenta. Y si no fuera porque viajó al XXXI Encuentro Nacional de Mujeres que se hizo en Rosario, Santa Fe, con su hija y su nieta, y porque la lucha le brota por sus poros humectados, hasta le discutiría su fecha de nacimiento. Su nieta, y su amiga, de 15 años ambas, deciden mientras dejan las bolsas de dormir y los bártulos en la Escuela Nº 528 de aquella localidad, que van a asistir a la charla sobre aborto legal.

“Pija violadora a la licuadora”

Lucía no se llama Lucía, o tal vez sí. A los 17 años quedó embarazada, por error, por descuido, por lo que sea que haya quedado, y decidió decidir sobre su cuerpo. Derecho, dicho sea de paso, que no coincide en absoluto con lo que la legislación argentina sostiene que somos, que es un poco más que reproductoras. Un par de contactos, y otros pares más de Misoprostol hicieron la primera parte del trabajo: expulsar el feto, que Lucía guardó a escondidas de su madre en un tarro de hisopos vacío. La segunda parte, la peor, la de la victimización y persecución ideológica la llevó adelante el personal del Hospital al que fue a parar con 40º de fiebre, por no haber expulsado todo lo que se alojaba en su útero.
¿Cómo hacerse un aborto con pastillas? El material que Socorristas en Red reparte durante los talleres del XXXIENM es de una calidad económicamente envidiable, y de un objetivo más que claro: ¿Querés abortar y el Estado no te asiste? nosotras sí. Pero el Estado debe hacerse cargo, y a la larga se debe hacer responsable de las miles de mujeres que se mueren por no tener la suerte que tuvo Lucía, de tener amigas con la mediana lucidez que a los 17 años se puede tener, en cuanto a la infección que invadía su cuerpo y la iba a matar.

“Yo aborto por si sale rati”

Argentina no se llama Argentina, pero en el taller de Mujeres y Pueblos Originarios le dicen así por los colores de su poncho, celeste y blanco. Ella explica que esos colores simbolizan al hombre y a la mujer. “Nosotros no  pertenecemos ni a los gringos ni a ningún otro partido político”, dice Argentina, que destila dolor en la mirada, en su piel oscura curtida, y se crispa cuando las presentes aplauden. "Una costumbre gringa", reniega.

Yo soy cacique de la Nación Guaraní -cuenta una mujer a la que le es imposible estimarle la edad-, la primera mujer cacique de mi comunidad. Cuando nació, cuenta, la prendieron fuego, y llegaron a quebrarle las piernas en dos oportunidades. “Somos los dueños y señores de esta comunidad y nos roban cada día más”, denuncia, ante las cientos de mujeres que coparon el SUM del Liceo Avellaneda, y lo siguen llenando. Eulugia vive en la Villa 31 y es triplemente estigmatizada, por vivir ahí, por ser pobre (consecuencia y causa), y por ser de los pueblos originarios.

“Puta pero no tuya”

Los talleres de trata y explotación, también rebalsan. Intentando hacer frente al intento de la Comisión Organizadora que no dispuso de un lugar grande a sabiendas que es uno de los más convocantes, sino que dividió el taller en al menos siete comisiones, más de 250 mujeres se autoconvocan a un taller en el medio del Liceo Avellaneda sobre la avenida Córdoba al 600. “Hay que luchar hasta que la dignidad se haga costumbre”, dice una comunicadora de una radio comunitaria de Tres Arroyos. Antes, hablaron referentes de la agrupación Madres de víctimas de trata, e incluso una víctima. La sensibilidad está a flor de piel, y también la injusticia.

A pesar de lo que una agrupación violeta quiere exponer, la mayoría alza la voz, grita, silba, cuando se habla de la prostitución como un trabajo sexual, como si el cuerpo femenino fuese una mercancía que se puede cambiar a través de dinero. La que más grita, es una rubia, grandota, 1.65 mts, 90 kilos, víctima de una red de explotación sexual. “Nosotros no elegimos los clientes, eso es mentira. Y una vez que se cierra la puerta nos hacen lo que quieran”, grita sin necesidad de megáfono y con los ojos rojos. “A las mujeres que rescataron de un prostíbulo de Tierra del Fuego, las dejaron desamparadas, cayó AMMAR y les dijo que tienen que seguir trabajando y las sindicalizó”, agregó.

“Pagar por sexo es pagar por amor”, me decía un conocido hace 10 años atrás, tanto como para hacerme enojar como para autoconvecerse de su patético consumo sexual. Por eso mismo, pocas cosas me parecen tan perversa como que un sindicato que considera la prostitución como un trabajo se llame igual que el verbo más lindo del mundo y encima se identifique con un corazón, que es lo último que les queda entero a las mujeres prostituidas. De ahí, la muerte (con mala suerte) en vida.

Simultáneamente, a varias cuadras del taller de trata y explotación, en la Facultad de Humanidades y Arte de la UNR una referente de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (que integra la CTA) coordina uno de los seis talleres de Mujeres y Trabajo Sexual que llenó las aulas. De entrada, impone que “no venimos a discutir si es o no un trabajo. Esa discusión está saldada”, aún a costas de una víctima de trata que se descompone con el pasar de las horas al escuchar tanta estupidez junta. Si nuestro cuerpo es mercancía, ¿qué lucha estamos dando?.

Una de las miles de mujeres se vino desde Colombia para asistir al Encuentro, al igual que compañeras de Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil. "¿Pero venías a Argentina y de paso viniste?" - No, vine a esto...Esa mujer ya volvió a su país, y esparció la voz, en su familia y ellas al barrio, a las demás mujeres que luchan diariamente.

En el taller de Judiciales, hay mujeres que están esperando que la Justicia sea quien decida si sus representantes gremiales acusados de abuso y explotación sexual, son o no culpables. Quién mejor que ellas, trabajadoras del Poder Judicial, para conocer los tiempos y flexibilidades que la Justicia puede otorgar. Así, la lucha se da, casi en iguales proporciones que la indignación, como esa que genera cuando dicen que una vagina habilita para integrar una lista electoral, no tanto la capacidad. Esa misma vagina que nos expone a ser carne de cañón, todos los días, cuando nos hacemos un aborto mal hecho y terminamos en la cárcel o muertas, cuando nuestros novios nos matan a puñaladas, cuando los abuelos abusan de nosotras, cuando la cana no cree las razones de nuestro desprendimiento de retina.

“No queremos, ni una muerta más. Desmantelamiento de las redes de trata, aborto legal”

La mujer es vulnerable por su histórica opresión. La mujer en tetas que no está en la pantalla del Trece pero se para frente a la Catedral de Rosario es igual de vulnerable, pero quiere hacerse oír,
como las 70 mil que la preceden en una marcha a sus espaldas. Más vulnerable es aún, frente a 30 milicos cubiertos de pies a cabeza y con armas en la mano, que no dudan: tiran. ¿Cómo es que tenemos el tupé de ir a Rosario a pintar paredes y reclamar por nuestros derechos? Desorejadas.

“Este encuentro tiene que votar, un plan de lucha libre y nacional”

Desorejadas, sin oreja. Así se paran un grupo de mujeres a imponernos una sede, bien bien lejitos, como para que no molestemos. "Capital Federal por el aborto legal”, grita la mayoría, mientras esas, unas pocas, escapan por un costado del escenario. En ese momento se proclama, que el XXXIII Encuentro Nacional de Mujeres nos encontrará en la cumbre del poder argentino, la ciudad de Buenos Aires.

“Quien no se mueve no siente las cadenas”

Olivia hoy escupe todo lo que tiene en la boca. Porque así le sale, porque así quiere, y porque quién dijo que queremos ser damas, sea lo que sea que eso signifique. Con que no nos pisoteen, nos violen ni nos maten a veces alcanza, otras no.




Todas las fotos, excepto la última, son de la autora del blog.
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