jueves, 3 de marzo de 2016

Periodista y cristiana

Periodista y cristiana. Por un lado o por otro, Spotlight llegó a mi con ansiedad y a cada minuto, con satisfacción. Me cago en el Oscar que recibió a Mejor Película, porque me cago en los Oscars.
Yo no sé bien como terminé siendo periodista o por qué. Cómo fue que aprendí (nunca se deja de aprender) a afilar el ojo, a buscar el dato, a leer entre líneas o de dónde nacieron estas ganas de contar (el blog puede ser un indicio, ya superamos la década juntos Blogger, espero regalo). Pero sí sé que lo siento. Siento la adrenalina, la taquicardia, el poder de saber algo que el resto no, la ansiedad de buscar como transmitirlo y lo mejor de todo, el feedback. Ni siquiera hablo de una noticia que mueva el piso político y social. Hablo de proyectos que están naciendo, de personas que hacen un cambio, incluso ese tipo de hermosuras periodísticas.

 Mi emoción con “En primera plana” (Spotlight) crecía a cada dato nuevo que el grupo de periodistas recolectaba y me sentía Mark Ruffalo queriendo sacar a la luz ya todo, con esta ansiedad que me caracteriza. Y todo, en este caso, era mucho. Salvando las distancias, la Iglesia católica tiene en EEUU la misma presencia que acá, Argentina. Religión hegemónica que derrama su pragmática a todos los estamentos sociales, políticos e incluso económicos. Decirle a la gente, o aceptar, en mi caso, que mi religión está comandada por gente corrupta y criminal, es complicado. Y acá hay nenes, nenes que hay que salvar antes que les sigan robando la infancia.

Pero uno puede ver la película desde dos lados. Y los dos a mi me interpelaron por igual. Uno es el encubrimiento de la Iglesia a los curas pedófilos de todo el mundo, otra, la más cercana, es la lucha interna que tienen estos periodistas, que empezaron a correr un velo y descubrieron que todo en lo que creían, está mal. Que quien nos debe proteger nos miente, nos oculta, nos pervierte, nos censuran, nos convencen, a todo estamento. No existe un juramento hipocrático, pero está ahí, es tácito. Sabemos algo, pero esa información no nos pertenece. Lo que el periodismo sabe no le pertenece en absoluto al periodista, al contrario de lo que se creen muchos, sino que le corresponde a la sociedad civil. A quien respondemos, a quienes les debemos respuestas, para lo que somos periodistas.


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