miércoles, 6 de agosto de 2014

"¿Yo tengo la misma sangre que la abuela?"

El martes 5 de agosto de 2014 yo estaba viviendo un día normal. A la tarde estaba trabajando en una nota sobre energía solar, mientras (obviamente) tenía una pestaña de Twitter abierta. De repente mi TL comenzó a llenarse de comentarios que anunciaban que Estela de Carlotto, la máxima referente de la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo encontró a su nieto.

Mi curiosidad por la militancia en época de dictadura, la cual alimento asiduamente con un poco de literatura, irremediablemente me llevó a abrir los diferentes portales que actualizaban la noticia. Esa mujer canosa, de mirada triste y cuerpo guerrero, había encontrado a su nieto. Al que esperaba con una silla vacía en su mesa, al que yo alguna vez pensé que nunca iba a conocer.

De repente, Infojus, agencia de noticias jurídicas desliza que ese nieto, EL nieto buscado y esperado por miles (al igual que otros nietos, pero la relevancia mediática de Estela irremediablemente la posiciona como símbolo), es un joven de Olavarría, mi ciudad. Es un vecino, "el nieto de Estela de Carlotto" es un vecino que va al mismo supermercado que yo y conduce en las mismas calles.

Es alguien que quiso saber y afortunadamente no tuvo que mover cielo y tierra para hacerlo, porque su abuela le había preparado el terreno y lo esperaba con los brazos abiertos. Junto coraje, me imagino, y se hizo el análisis de ADN. De sólo pensarlo me corren escalofríos por el cuerpo. Imagino esa llamada donde le confirman que tiene un 99% de parentezco con militantes asesinados por los militares y que su abuela no es nada más ni nada menos que LA ABUELA, Estela de Carlotto.

Para ese entonces yo ya había tirado la energía solar al carajo y no me importaba que se caiga el sol. Olavarría junto al país, está siendo testigo de una de las maravillas de la lucha. De un derecho recuperado.

Llorando frente al televisor escuché a esa abuela y la miré...y no vi más sus ojos tristes. La vi plena.

Luego de tanto revuelo le explico a mi nena de 10 años lo que pasó y horas después me pregunta: "Má, ¿Yo tengo la misma sangre que la abuela?".. Mi respuesta, "SI", es su derecho. Un derecho que se le negó a Guido/Ignacio durante años, y que se le es negado diariamente a otros 200 nietos que faltan encontrar.

Y por todas estas emociones maravillosas que provocó la noticia, la verdad y la justicia hoy decimos, con más fuerza, nunca más.

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