viernes, 8 de agosto de 2014



Olavarría es una ciudad mediana, ni chica ni grande, mediana. Tiene 110 mil habitantes y a pesar de ser un partido muy grande, la comunidad es entera. ¿Qué quiero decir con entera? Los vecinos en su mayoría conocemos cuáles son las cosas que nos molestan y las que nos gustan a todos.

Olavarría tiene un tránsito del orto, que a veces se lleva víctimas y otras veces sólo hiere. La comunidad, la que conduce y la que camina, lo sabe. El Gobierno Municipal también sabe que las inversiones millonarias en los corsos y las fiestas populares con grandes artistas que tocan gratis, garpan. Porque sí. Porque a Olavarría le gusta la fiesta popular, le gusta ir al parque, a la Expo Rural, a ver Cantando por un Sueño y comer tortas gigantes, gratis.

También somos solidarios, y hacemos campañas para que jóvenes se vayan a China a hacerse tratamientos de células madres y tapitas para niñas con cáncer.

Pero si bien a veces desde adentro nos matamos, nos estigmatizamos, nos discriminamos  y dejamos olvidar causas, somos unidos. Y cuando algo pasa “en Olavarría”, nos pasa a todos.

Lo que pasó en Olavarría el 5 de agosto no sólo “nos pasó a todos”, le pasó a la Argentina en su conjunto, pero MUY por sobre todas las cosas le pasó a una persona, un vecino. Alguien que conoció quiénes eran sus papás, quiénes eran sus abuelas y que tenía tíos y primos. Él, que se crío como hijo único.

Será muy difícil para Ignacio reconstruir su identidad. Un proceso largo que debe hacer acompañado por los suyos. Por su futura esposa Celeste, sus amigos íntimos, su piano, sus alumnos. Porque si además de su historia, a Ignacio se le cambia la vida, la rutina, y encima nos apropiamos de él, dejará de ser quien es ahora. ¿Querrá él dejar de ser un músico under que toca en bolichitos? ¿Querrá despegarse de su dirigencia en la Escuela de Música y dejar de dar clases a sus alumnos? Eso lo sabe, y lo sabrá sólo él.

A él se le arrancó una identidad y un derecho, y no es justo que se le vuelva a arrebatar levantando la bandera del “sos nuestro”. Sí lo es la lucha de las Abuelas, la historia de militares y civiles artífices del apropiamiento de chicos, el genocidio, el ocultamiento de los gobiernos.

Lo que representa haber encontrado a Guido, ese triunfo, ese es el de todos.

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