lunes, 7 de julio de 2014

El renegar en el ADN



Obviamente que todo tiempo pasado fue mejor. Porque está procesado, porque no nos quedó otra que aceptarlo, y porque en definitiva, lo que hay y vendrá nos genera incertidumbre. Y la incertidumbre, el no saber, nos da miedo.

Grabar canciones de la radio en un cassette al que después rebobinas con una lapicera, tener una guía telefónica mental de tus conocidos. Sorprenderse por la visita inesperada de un amigo. Encontrarse (chocarse) con la gente. Los relojes de pulsera. Recibir una carta. El ingenio para no aburrirse en días de lluvia. Todo eso no está, se fue…

Pero tenemos noticias de los nuestros en segundos, miramos fotos actuales de aquellos que extrañamos para sentirnos menos lejos. Imposible aburrirse con la proliferación de juegos en red. Consumimos todo tipo de contenido. Nos enteramos que pasa del otro lado del mundo. La música está al alcance de una página de Internet...

No hay vuelta atrás, hay que aceptarlo. Y la imposibilidad de volver atrás está buena, es parte de crecer. En determinado momento aprendemos que si elegimos la calesita, ya no podés bajarnos para ir a la hamaca, como cuando éramos chicos. Hay que esperar que termine la vuelta. Y hay dos opciones, o lloras y te quejás como un desquiciado de tu situación o, mientras esperás algo mejor te acomodás y le buscás el encanto.

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