martes, 8 de octubre de 2013

La Sagrada Familia



Que lindo cuando la familia se reúne. Sucede pocas veces al año, pero son suficientes…suficientes para saber que más sería una incoherencia, sobre todo si son una familia numerosa. 
Digamos que en promedio somos 30, divididos obviamente en la mesa de los mayores con la mesa de los pequeños. En la última, entran los pre-adolescentes irritados que ni bola le dan a los más pendejos y miran con recelo la mesa principal. Como si fuese entrar en un club secreto, donde se consagrarán finalmente adultos, aún cando se hayan sentado allí porque uno de los primos se enfermó y sobraba un lugar. Lo que nadie sabe de la mesa adulta mientras es chico es que no tiene nada de interesante, para ninguna edad; si tenes 13, 14 años no entendes casi ninguna de las acepciones groseras relacionadas al sexo, o la jerarquía de los personajes públicos a los que se destroza; si estás entre los 15, 16, 17 te hablan de chicas y te pones colorado, como pajero que sos. Y el tío langa te dice como tratar a las chicas haciéndote sentir que está bien ser un pendejo degenerado, que eso les gusta!! Ya cuando tenes de 18 para adelante, tenes mucha resaca o estás muy ocupado garroneando vino de donde puedas y haciéndote el interesante para que nadie se de cuenta (todo depende de la hora del día).

De día el asado o la pasta se hace más amena…a la hora de la siesta todos se rajan y no queda ni el gato. Total, la dueña de casa limpia los 30 platos y los 28 vasos (porque siempre algún boludo paso corriendo al lado del vaso que otro había puesto bien al borde de la mesa). Los cubiertos ya estaban limpios gracias a una tía que ayudó para no sentirse tan culpable de no hacer nada.
De noche la velada se complica más…al final del asado ya están los 10 hombres de la familia re mamaaados, 5 esposas con cara de culo a más no poder y riendo de compromiso. Otros 5 pendejos dando vuelta toda la casa y uno enculado que no lo dejan jugar y rompiéndole los brazos a la vieja porque con 30 kilos se piensa que sigue siendo un bebé.
Las chicas de la casa en la cocina hablando de sus chicos y haciendo la previa al boliche, igual que los chicos, pero ellos no hablan de chicas…hablan de coger. Y ellas tan enamoradas, y los otros tan alzados.
Se cuentan las mismas anécdotas de 10 años atrás y surgen las mismas discusiones. Ahora sí, a la hora de sacar el cuero, siempre cae uno distinto.

La familia con menos hijos se retira primero y así siguen las demás. Se pide un aventón que dará lugar a otro capítulo de la noche…la mejor.
Y mientras uno va en el auto del tío hablando de lo mucho que comió y lo bien que se chupó sonríe como un boludo pensando “que linda es mi familia”, mientras reflexiona…nos tendríamos que juntar menos seguido.