miércoles, 23 de septiembre de 2009

Ideal ideal..

Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia la excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, elevas en ti el resorte misterioso de un Ideal. Sólo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real.
Todos no se extasián, como tú, ante un crepúsculo, no sueñan frente auna aurora o cimbran en una tempestad: ni gustan de pasear con Dante, reír con Moliére, temblar con Shakespeare, crujir con Wagner; ni enmudecer ante el "David", la "Cena" o el Partenón. Es de pocos la intquietud de perseguir ávidamente alguna quimera(...)
Los seres de tu estirpe, cuya imaginación se puebla de ideales y cuyo sentimiento polariza hacia ellos la personalidad entera, forman raza aparte en la humanidad: son idealistas.
El Ideal es una gesto del espíritu hacia alguna perfección. No es una fórmula muerta, sino una hipótesis perfectible: para que sirva debe ser concebido así, actuante en función de la vida social que incesablemente deviene. Todo ideal representa un nuevo estado de equilibrio entre el pasado y el porvenir.
Los ideales pueden no ser verdades, son creencias. Su fuerza estriba en sus elementos efectivos: influyen sobre nuestra conducta en la medida que lo creemos.
No es un fin, sino un camino.
Hay tantos idealismos como ideales; y tantos ideales como idealistas y tantos idealistas como hombres aptos para concebir perfecciones y capaces de vivir hacia ellas.
Todo ideal, por ser una creencia, puede contener una parte de error, o serlo totalmente; es una visión remota y, por lo tanto, expuesta a ser inexacta. Lo único malo es carecer de ideales y esclavizarse a las contingencias de la vida práctica inmediata, renunciando a la posibilidad de perfección moral. Todo ideal es relativo a una imperfecta realidad presente. No los hay absolutos; afirmarlo sería negar su posibilidad de perfección.
La evolución de los ideales no sigue un ritmo uniforme en el curso de la vida social o individual. Hay climas morales, horas, momentos, en que toda una raza, un pueblo, una clase, un partido, una secta concibe un ideal, y se esfuerza por realizarlo.
Sin ideales sería inexplicable la evolución hunmana.
Todo idealista es un hombre cualitativo: posee un sentido de las diferencias que le permite distinguir entre lo malo que observa y lo mejor que imagina. Los hombres sin ideales son cuantitativos: pueden apreciar el más y el menos, pero nunca distinguen lo mejor de lo peor.
Un hombre, un grupo, una raza son idealistas poque circunstancias propicias determinan su imagincación a concebir perfeccionamientos posibles.
Frente a esos heraldos, en cada momento de la peregrinación humana se advierte una fuerza que obstruye todos los senderos: la mediocridad, que es una incapacidad de ideales. Siempre habrá evidente contraste entre el servilismo y la dignidad, la torpeza y el genio, la hipocresía y la virtud. La imaginación dará a unos el impulso original hacia lo perfecto; la imitación organizará en otros los hábitos colectivos. Siempre habrá, por fuerza, idealistas y mediocres.

Fragmentos de "El hombre mediocre" (1913), de José Ingenieros.

3 comentarios:

m. dijo...

El idealismo me llevó a darme muchas veces la cabeza contra la pared.

andreita dijo...

Esto que expusiste, me recuerda a algo que me dijo mi profe de Diseño la semana pasada al exponer una idea...

"SOS UNA ROMÁNTICA"

A lo q pensé... y vos un mediocre.

Lastimosamente muchas veces hay que fumárselos en pipa, a quienes no comprenden que, pudiendo hacer las cosas mejor, siguen la ley del mínimo esfuerzo.

Un beso!

Mandrake el Vago dijo...

Ingenieros garpa pero... bancar a Britney? jajaja saludos vagos!