domingo, 27 de agosto de 2017

Un tuit

Tesis con T de tedioso

miércoles, 16 de agosto de 2017

Números

Por más que quisiera evitarlo, Celeste no podía dejar de traducir su vida en números  y cifras sin importancia. Sabía que 78 segundos exactos transcurrían entre que presionaba el botón de encendido de su computadora hasta que podía iniciar alguna ejecución en ella; que variaban entre 98 y 100 los pasos que necesitaba dar para llegar a la parada del colectivo, que se detenía en otras 15 paradas antes de dejarla en la esquina de la oficina. Comprobaba diariamente que al llegar, a las ocho en punto, la cafetera ya llevaba 155 mililitros de líquido preparado en su jarra y que fueron alrededor de cinco los minutos que le llevó enamorarse perdidamente  de su nueva compañera de trabajo, el día que su jefe se la presentó.
Eduardo se adentró en Facturación -las áreas administrativas de Salud Bien S.A estaban delimitadas por cubículos de durlock- escoltando a Lucía, que sonreía ampliamente mostrando una dentadura perfecta mientras sus ojos color miel se achinaban por la presión de las mejillas sonrojadas levantadas. Llevaba su pelo rubio, evidentemente largo, tirante y atado hacia atrás en una cola de caballo, y casi nada de maquillaje. Sólo un poco de sombra roja y rimmel.
  • Equipo -carraspeó Eduardo- . Les presento a Lucía Méndez, ella se sumará al área de Contabilidad.

Y así nació otras de las incontables historias de amor.

martes, 8 de agosto de 2017

Agur, Juan.

Pocas veces escuché a alguien hablar con tanto amor de su tierra natal como a Juan. Claro está, que una no anda cruzándose vascos natales por la vida.
Esa carita de ojos azules y arrugas marcadas guardaba mucha tristeza, recuerdos y anhelos. Cada vez que Juan me señalaba en el mapa la ruta que hacía desde que pisaba Euskadi en el aeropuerto de Bilbao, y me llevaba a recorrer museos, paisajes, los bares de la costa donde se come el mejor marisco del mundo, sus ojos brillaban. Un poco por sus implantes de lentes oculares y otro poco, sospecho yo, porque nunca superó ser un exiliado.
Si a mí me preguntan cómo es un vasco, digo que es justo, intolerante, cabrón, respetuoso, algo pícaro y un enamorado eterno de su tierra. Digo que son como Juan, que a los seis años debió huir de la guerra civil española, de noche en un tren, junto a sus hermanos, y de ahí en más le hizo frente a la vida. Él pisó, sin saber una pizca del idioma, suelo francés, mientras dejaba atrás su caserón entre el verde de los frutales, tierra sin límites, y el colegio religioso/riguroso donde aprendió a sumar. Su papá se había venido años atrás, a la Patagonia. Fue uno de esos inmigrantes que, se dice, forjó Argentina a fuerza de frío y desarraigo. Y allí fue a parar la familia Urrutia, ya extranjera en todos lados. Nunca supe bien qué convicciones políticas sostenía, pero no soportaba el peronismo.
Mientras estudió bioquímica en Córdoba, además de vivir el auge de la revolución universitaria, vivió la persecución de compañeros por defender al militar. Contaba entre risas y preocupación las huidas por los techos, y los miedos de la noche que sus pares padecían. Y así se nos iban los minutos, entre anécdotas y billetes de lotería española que compraba online a kilómetros de distancia con su pensión de Niño de la Guerra. Era cabrón, muy cabrón. Bastaba con mencionarle el retoño del roble de Guernica, que durante años fue símbolo de la esquina de Rivadavia y San Martín, para que arranque con todas las cosas malas que hacía el gobierno, entre ellas, obvio, extraer ese histórico ejemplar.

Fuiste como un abuelo cuando ya no tenía ninguno, Juan. Nunca se me fueron las ganas de llamarte para saber cómo andabas (cosa que no hice así como vos nunca más volviste a Euskadi), ni de ir a conocer tu tierra. Por lo menos aún tengo la oportunidad de hacer una de las dos, espero no defraudarte esta vez.

jueves, 26 de enero de 2017

Women's act

Da la sensación de que en los últimos cinco años las mujeres argentinas han despertado de un largo sueño al que eran sometidas no con somníferos, sino con algo mucho más poderoso, mandatos histórico culturales. No hablo de las intelectuales, feministas, políticas, militantes que llevan en la lucha por nuestro derecho décadas, ni tampoco de aquellas que en donde viven (sobre todo ciudades pequeñas del interior del país) la "membrana cultural" es más gruesa sino de, aquellas que a los medios les encanta denominar "la gente". El grueso, las que tienen acceso a redes sociales, tal vez estudian, laburan o ambas, las que a veces reflexionan y otras tanta la vorágine del día no les da tregua. Esas que estamos ahí, y sus amigas, sus familias, sus compañeros.

Y ahora nos vemos un poco más en la calle, nos leemos en los diarios, nos sentimos acompañadas, inspiramos a otros movimientos internacionales, aplaudimos las marchas de #Niunamenos y #womensmarch en Argentina, USA y el resto del mundo. Nos sentimos emponderadas, esto es, algo así como recuperar poder o simbolismos que no teníamos. Y leo, leo, leo, todo lo que se me cruza por las manos y los ojos respecto a la desigualdad de género y el inconsciente me asalta con flashes y me retrotrae a la casa de un novio mientras él está en el baño y yo borro mensajes de un compañero de la facultad que me invita a salir a tomar algo con otros compañeros y compañeras por las dudas que se enoje. O cuando elijo la ropa para salir y descarto prendas porque sé que esa misma persona me a decir "tan corta no me gusta esa pollera". Salidas y ropa que voy a aprovechar cuando esa persona vuelva a su ciudad de estudio, y yo siga siendo una novia sin vigilancia. Y me parece injusto.

Y a la vez veo esas campañas de "si te controla las amistades, si te dice qué ponerte, si te cela, no es amor" y las adoro, porque coincido tanto, que creo que son esos pequeños actos de violencia los primeros campanazos para que nos avivemos que esa persona no nos hacen bien, que nos queremos enamorarnos de eso. Y sigo leyendo sobre los niños y niñas en la calle acompañando a sus padres por las calles de Washington, o el reclamo de víctimas de abuso en el ámbito del rock nacional argentino y no dejo de pensar que el cambio está en los actos, en la palabra también, pero sobre todo en los actos. En ponernos a nosotras mismas por adelante de todo en nuestra vida. Nos debemos, luego de tantos siglos de tratar de regular el corto de nuestra pollera, al menos eso.

martes, 20 de diciembre de 2016

El abuelo

Matilda, en marzo vas cumplir 4 años y una de las personas que más te amó no va a estar en la Tierra para celebrarlo con nosotros.
Se trata de tu abuelo Alberto, el papá de tu papá, que con mucho dolor para los que quedamos aquí nos dejó hacia una estrella más brillante. El tiempo es tirano hija, pero la memoria es su lacaya, por lo que odiaría olvidar todo lo que recuerdo de él, que quiero que sepas, y tal vez, quizás, le cuentes a tus hijos e hijas si decides alguna vez ser madre.

Era un incansable fanático de Boca. Los últimos partidos los veía con otro de sus nietos fanático...y gritaba gol en cada ocasión de gol. A veces, los escuchaba por la radio, por lo que gritaba el gol antes de que papá y los tíos lo pudiesen ver en la tele; aborrecían cuando hacía eso.

Le encantaba ponerte música, bien fuerte porque era medio sordo, pero también porque disfrutaba verte bailar, y a vos te encantaba hacerlo con él. Vino a saludarte para todos tus cumpleaños, y barnizó un atril que te regaló para el día del niño, aún lo tenemos y lo pienso tener hasta que aguante.

A mucho pulmón, levantó una quinta para que toda la familia se reuniera ahí. Cuidaba el agua de la pileta con una dedicación de hinchapelota, y cada vez que hacía calor, uno por uno, nos decía que nos metiéramos.

Era un asador 10 puntos. En realidad todo lo que él hacía, en sus palabras, eran 10 puntos. Así de mucho se exigía.

Desde una vuelta que vino a Olavarría a comer un locro de la abuela Nelly, siempre volvió a joder con el locro de mi abuela.

Cortaba el pasto de la quinta todo el tiempo, todos los días que estaba allí. "Mirá que tal el pasto, nena", me decía. "Un poquito largo, Alberto", le contestaba yo. Él se reía, como un nene, con los ojos achinados, como se ríe la gente linda, y me decía "esperá, ya vas a ver", y daba arranque de nuevo. Una vuelta vino a casa, yo me había comprado una bordeadora y no había sabido usarla bien. Me fui a trabajar y cuando volví, me había cortado el pasto de toooodo el patio. De chomba y zapatos.

Amaba a sus hijos, a sus nietas y sus nueras y yerno, pero nunca se los dijo...espero que ese gen no lo hayas heredado, hay que decir cuánto se quiere...

Le gustaba hablar con la gente, tuvo un kiosco, vendió autos, tuvo un supermercado, heladería, un buscavidas.

No dejaba que sus hijos manejen sus autos nuevos si no iba él acompañando. Eso me sacaba de quicio.

A veces, estábamos todos reunidos, y de la nada desaparecía...se tiraba a dormir, así de la nada, sin avisarle a nadie, sin despedirse...y así también se fue de nuestro lado..

Lo vas a extrañar, me dijiste. Sabés que está en el cielo, me preguntaste si estaba en la estrella más brillante y te mentí, te dije que sí. Pero él está acá con nosotros, al lado tuyo. Me dijiste que no querías que se vaya, nadie quiso amor...son cosas que pasan...Lo tenés presente, muy presente, como todos. Todo en Tandil está impregnado de tu abuelo. Nos cuesta entender su ausencia, pero con tu sonrisa y tu alegría se hizo muy ameno, quería que lo sepas.


Foto: septiembre 2016



jueves, 13 de octubre de 2016

Al encuentro

“No necesito media naranja, soy bien completa”

Olivia escupe el moco que tosió mientras cruza la calle, como ha visto hacerlo miles de veces a su primo. “Pero por favor Olivia, sos una dama”, le responde su mamá. Y ella, a los 14 años, no entiende por qué no puede escupir en la calle por el sólo hecho de tener vagina. Y no se lo olvida más. Y cada vez que va al parque o mira un partido de fútbol por la tele (contadas veces) y ve a un pibe escupiendo, recuerda ese episodio en el que caminaba junto a su mamá por calle Rivadavia, y debía comportarse como una dama, sea lo que sea que eso significara.

“Error 404. Machos not found”

Luz tiene muchos años más de los que aparenta. Y si no fuera porque viajó al XXXI Encuentro Nacional de Mujeres que se hizo en Rosario, Santa Fe, con su hija y su nieta, y porque la lucha le brota por sus poros humectados, hasta le discutiría su fecha de nacimiento. Su nieta, y su amiga, de 15 años ambas, deciden mientras dejan las bolsas de dormir y los bártulos en la Escuela Nº 528 de aquella localidad, que van a asistir a la charla sobre aborto legal.

“Pija violadora a la licuadora”

Lucía no se llama Lucía, o tal vez sí. A los 17 años quedó embarazada, por error, por descuido, por lo que sea que haya quedado, y decidió decidir sobre su cuerpo. Derecho, dicho sea de paso, que no coincide en absoluto con lo que la legislación argentina sostiene que somos, que es un poco más que reproductoras. Un par de contactos, y otros pares más de Misoprostol hicieron la primera parte del trabajo: expulsar el feto, que Lucía guardó a escondidas de su madre en un tarro de hisopos vacío. La segunda parte, la peor, la de la victimización y persecución ideológica la llevó adelante el personal del Hospital al que fue a parar con 40º de fiebre, por no haber expulsado todo lo que se alojaba en su útero.
¿Cómo hacerse un aborto con pastillas? El material que Socorristas en Red reparte durante los talleres del XXXIENM es de una calidad económicamente envidiable, y de un objetivo más que claro: ¿Querés abortar y el Estado no te asiste? nosotras sí. Pero el Estado debe hacerse cargo, y a la larga se debe hacer responsable de las miles de mujeres que se mueren por no tener la suerte que tuvo Lucía, de tener amigas con la mediana lucidez que a los 17 años se puede tener, en cuanto a la infección que invadía su cuerpo y la iba a matar.

“Yo aborto por si sale rati”

Argentina no se llama Argentina, pero en el taller de Mujeres y Pueblos Originarios le dicen así por los colores de su poncho, celeste y blanco. Ella explica que esos colores simbolizan al hombre y a la mujer. “Nosotros no  pertenecemos ni a los gringos ni a ningún otro partido político”, dice Argentina, que destila dolor en la mirada, en su piel oscura curtida, y se crispa cuando las presentes aplauden. "Una costumbre gringa", reniega.

Yo soy cacique de la Nación Guaraní -cuenta una mujer a la que le es imposible estimarle la edad-, la primera mujer cacique de mi comunidad. Cuando nació, cuenta, la prendieron fuego, y llegaron a quebrarle las piernas en dos oportunidades. “Somos los dueños y señores de esta comunidad y nos roban cada día más”, denuncia, ante las cientos de mujeres que coparon el SUM del Liceo Avellaneda, y lo siguen llenando. Eulugia vive en la Villa 31 y es triplemente estigmatizada, por vivir ahí, por ser pobre (consecuencia y causa), y por ser de los pueblos originarios.

“Puta pero no tuya”

Los talleres de trata y explotación, también rebalsan. Intentando hacer frente al intento de la Comisión Organizadora que no dispuso de un lugar grande a sabiendas que es uno de los más convocantes, sino que dividió el taller en al menos siete comisiones, más de 250 mujeres se autoconvocan a un taller en el medio del Liceo Avellaneda sobre la avenida Córdoba al 600. “Hay que luchar hasta que la dignidad se haga costumbre”, dice una comunicadora de una radio comunitaria de Tres Arroyos. Antes, hablaron referentes de la agrupación Madres de víctimas de trata, e incluso una víctima. La sensibilidad está a flor de piel, y también la injusticia.

A pesar de lo que una agrupación violeta quiere exponer, la mayoría alza la voz, grita, silba, cuando se habla de la prostitución como un trabajo sexual, como si el cuerpo femenino fuese una mercancía que se puede cambiar a través de dinero. La que más grita, es una rubia, grandota, 1.65 mts, 90 kilos, víctima de una red de explotación sexual. “Nosotros no elegimos los clientes, eso es mentira. Y una vez que se cierra la puerta nos hacen lo que quieran”, grita sin necesidad de megáfono y con los ojos rojos. “A las mujeres que rescataron de un prostíbulo de Tierra del Fuego, las dejaron desamparadas, cayó AMMAR y les dijo que tienen que seguir trabajando y las sindicalizó”, agregó.

“Pagar por sexo es pagar por amor”, me decía un conocido hace 10 años atrás, tanto como para hacerme enojar como para autoconvecerse de su patético consumo sexual. Por eso mismo, pocas cosas me parecen tan perversa como que un sindicato que considera la prostitución como un trabajo se llame igual que el verbo más lindo del mundo y encima se identifique con un corazón, que es lo último que les queda entero a las mujeres prostituidas. De ahí, la muerte (con mala suerte) en vida.

Simultáneamente, a varias cuadras del taller de trata y explotación, en la Facultad de Humanidades y Arte de la UNR una referente de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (que integra la CTA) coordina uno de los seis talleres de Mujeres y Trabajo Sexual que llenó las aulas. De entrada, impone que “no venimos a discutir si es o no un trabajo. Esa discusión está saldada”, aún a costas de una víctima de trata que se descompone con el pasar de las horas al escuchar tanta estupidez junta. Si nuestro cuerpo es mercancía, ¿qué lucha estamos dando?.

Una de las miles de mujeres se vino desde Colombia para asistir al Encuentro, al igual que compañeras de Chile, Uruguay, Paraguay y Brasil. "¿Pero venías a Argentina y de paso viniste?" - No, vine a esto...Esa mujer ya volvió a su país, y esparció la voz, en su familia y ellas al barrio, a las demás mujeres que luchan diariamente.

En el taller de Judiciales, hay mujeres que están esperando que la Justicia sea quien decida si sus representantes gremiales acusados de abuso y explotación sexual, son o no culpables. Quién mejor que ellas, trabajadoras del Poder Judicial, para conocer los tiempos y flexibilidades que la Justicia puede otorgar. Así, la lucha se da, casi en iguales proporciones que la indignación, como esa que genera cuando dicen que una vagina habilita para integrar una lista electoral, no tanto la capacidad. Esa misma vagina que nos expone a ser carne de cañón, todos los días, cuando nos hacemos un aborto mal hecho y terminamos en la cárcel o muertas, cuando nuestros novios nos matan a puñaladas, cuando los abuelos abusan de nosotras, cuando la cana no cree las razones de nuestro desprendimiento de retina.

“No queremos, ni una muerta más. Desmantelamiento de las redes de trata, aborto legal”

La mujer es vulnerable por su histórica opresión. La mujer en tetas que no está en la pantalla del Trece pero se para frente a la Catedral de Rosario es igual de vulnerable, pero quiere hacerse oír,
como las 70 mil que la preceden en una marcha a sus espaldas. Más vulnerable es aún, frente a 30 milicos cubiertos de pies a cabeza y con armas en la mano, que no dudan: tiran. ¿Cómo es que tenemos el tupé de ir a Rosario a pintar paredes y reclamar por nuestros derechos? Desorejadas.

“Este encuentro tiene que votar, un plan de lucha libre y nacional”

Desorejadas, sin oreja. Así se paran un grupo de mujeres a imponernos una sede, bien bien lejitos, como para que no molestemos. "Capital Federal por el aborto legal”, grita la mayoría, mientras esas, unas pocas, escapan por un costado del escenario. En ese momento se proclama, que el XXXIII Encuentro Nacional de Mujeres nos encontrará en la cumbre del poder argentino, la ciudad de Buenos Aires.

“Quien no se mueve no siente las cadenas”

Olivia hoy escupe todo lo que tiene en la boca. Porque así le sale, porque así quiere, y porque quién dijo que queremos ser damas, sea lo que sea que eso signifique. Con que no nos pisoteen, nos violen ni nos maten a veces alcanza, otras no.




Todas las fotos, excepto la última, son de la autora del blog.
Derechos Reservados 2016.



jueves, 23 de junio de 2016

Yo vivo

Yo vivo. Vivo con miedo. Vivo feliz de estar viva y aterrorizada por no estarlo más. 
Mi vida es la familia, son mis amigas.
Mis hijas son mi corazón, mi compañero mi columna vertebral. Mis viejos me enseñaron la fortaleza de unos pies bien plantados en el suelo, y unas manos que se aferren a algunos ideales. Mis hermanas y hermanos, mayores los tres, moldearon un poco mi cabeza, con caminos andados antes que yo, y la piel un poco más curtida.
Mis amigas son las aventuras, las confidencias, el crecimiento acompañado. Las adversidades y los triunfos en un combo perfecto.
Soy católica porque elijo creer que todo lo anterior no es casualidad, ni causalidad. Soy cristiana porque el mundo está lleno de horrores, muchos, por todos lados. De gente mala, imprudente, de actores que influyen sobre mi destino aunque yo no quiera. De personas que manejan rápido donde no deben, y toman lo que no es suyo como si lo fuera. Debo creer, quiero creer que hay alguien que vela por mi. Mientras tanto vivo con miedo, feliz de estar viva, y aterrorizada por un llamado telefónico indeseado en cualquier momento.